"En un pasado lejano existió una escuela integrada por miles de peces koi, procedentes del Río Dorado, China. Con el paso del tiempo, al nadar contra corriente, se volvían más fuertes. En el río existía una cascada y una vez que un pez llegaba a esta, tenía que retroceder en su camino debido a la fuerza de la misma.
Pocos peces permanecían y continuaban en su intento por alcanzar la parte más alta de la cascada. Las poblaciones de kois mantuvieron sus esfuerzos por llegar a su objetivo durante cientos de años, hasta que al fin uno de ellos lograba saltar hasta el nacimiento de la misma. Con lo anterior, el pez lograba una recompensa: se transformaba en un hermoso dragón dorado y vivía en las aguas del Río Azul, al otro lado de la catarata.
Esta cascada era conocida como “Las Puertas del Dragón” y la leyenda dice, hasta el día de hoy, que cualquier koi que tenga la fuerza y la perseverancia para completar su viaje hasta La Puerta del Dragón se convertirá en un dragón en el cielo.”[1]
En cualquier ámbito de nuestra vida (social, cultural, profesional, entre otros) siempre estamos sujetos a los cambios y forman parte de nuestro diario caminar. Por esto, es necesario sacar el máximo provecho a cada etapa; a veces es necesario evolucionar o transcender y residirá en nosotros sacarles el máximo provecho a cada una; por más oscuro que se ponga el día, aunque esto signifique nadar hasta alcanzar la parte más alta de la cascada.
Casi siempre te dicen que fluyás como el agua, que te amoldés alrededor de las cosas (¿circunstancias?) (Bruce Lee), pero hay momentos en los que nos toca hacer introspección y averiguar si somos capaces realmente de fluir. Ahí es donde nos toca reflexionar y decidir si aprovechamos la oportunidad para mejorar o no.
Existen muchos recuerdos arraigados en nuestro subconsciente; recuerdos que nos generan buenos sentimientos y otros autodestructivos; como por ejemplo: la ira, ansiedad, y el miedo. Lo importante es no sentirnos mal por tenerlos. Todos tenemos algunos de estos sentimientos, claro, en diferentes proporciones. Está en cada uno de nosotros quedarse ahí o evolucionar; nadar un poco en la corriente, tener fe y esperanza en la persona que somos y en la que podemos llegar a ser.
En este camino de transformación, nadie está exento de cometer errores, no somos perfectos, ni lo llegaremos a ser. Muchas veces, las decisiones que tomemos desencadenarán procesos dolorosos, no solo en nuestro interior, sino en nuestros seres queridos: Esto no nos hace malas personas, nos da la oportunidad de cambiar, de resolver nuestros conflictos y lograr vivir en paz, nos deja ser humanos. No siempre estos conflictos se resuelven de la noche a la mañana, pero si queremos, podemos comenzar a lidiar con nuestra corriente de sentimientos y convertirnos en mejores personas.
Al reflexionar sobre lo anterior y si de casualidad, vos, quien está leyendo esto te sentís identificad@ de una u otra forma con estos sentimientos, te das cuenta que es muy difícil no tomárselo personal; ¿verdad? Podés ponerlo en el escenario que prefirás: una pareja, un familiar, un jefe… Es posible que te cueste encontrar la paz o la sabiduría para reflexionar sobre determinado evento. Y si de casualidad, a leer esto reflexionás sobre determinada persona o situaci[on, pregúntate: “un momento, esta persona no es así” o “¿qué estará pasando esta persona para que le genera este comportamiento?”. Llegar a este nivel de empatía no es fácil para muchos, más no es inalcanzable. Hay que comprender que una situación de estas genera una cadena de eventos dolorosos que van desde la persona que lo está viviendo hasta sus seres cercanos. Seamos honestos: cuando se viven momentos como los anteriores, es muy difícil levantar la cabeza y mirar alrededor, incluso preferimos optar algunas veces por conductas autodestructivas.
Lo anterior lo resumo en el siguiente ejemplo:
"Hace un par de años tuve una situación (“complicada”) de salud, la cual decidí guardármela para mi solo. Esto me generó cierto grado de depresión. En ese momento, solo podía decir “pobre yo, no me siento bien, no quiero tener nada que ver con nadie”; me costaba levantar mi cabeza y ver a mi alrededor.
Esto me llevó a tomar ciertas decisiones que causaron mucho dolor en las personas más cercanas. Cuando me di cuenta, ya todo había pasado y, por decirlo de alguna manera, ya se había “derramado la leche”. El punto fue que cuando todo estaba pasando, muchas personas me señalaron, me juzgaron y se alejaron (no los culpo, yo lo hubiera hecho también): En ese momento, no me sentí bien de ser “encasillado”. Yo era mi juez más duro. Lo curioso fue cuando otras personas llegaron y me preguntaron: “¿qué tenés?” y se preocuparon por mí, no me juzgaron, mi agradecimiento para ellos fue tal que me sirvió como primer paso para un “reseteo”, retomar mi vida y seguir adelante y sí, para perdonarme".
Con esto, lo que aprendí es que no deberíamos juzgar a las personas si no conocemos su realidad; no sé si será esto un tipo de “condicionamiento operante” en los humanos el juzgar a primera vista, pero está en nosotros tomar un par de pasos hacia atrás, dejar de lado nuestro ego herido y analizar las situaciones sin tomar el martillo de juez. A algunas personas nos tomará más tiempo que a otros llegar a este entendimiento, pero por lo menos yo no creo que existan “personas malas” quienes hagan daño adrede, todos merecemos el beneficio de la duda.
Es válido que cuando pasés por cualquier situación dolorosa que involucre a otra persona quien te importe inflingiéndote dolor, que tengás ganas de nunca volver a dar nada por nadie. Incluso podés llegas a sentirte culpable y que sintás enojo con vos mismo.
No olvidemos que para llegar al otro lado de la cascada, hay que empezar derribando el primero de los muros: el que ponemos nosotros, nos autojuzgamos. Nos pasamos la vida viendo triunfos y fracasos que conseguimos en el pasado, nos castigamos y a ratos perdemos las ganas de seguir, pero ¿qué pasaría si las flores solo se marchitaran?; ¿qué pasaría si solo se quedaran en botones? El Sol no se queda detenido al medio día porque no quiere ver más atardeceres. (Antonio Hernández Luna, Elizabeth Guerra Vázques, Fermín IV Caballero Elizondo, Raul Chapa Elizalde, Andres Cantisani, año). No podés quedarte ahí, en un rincón temblando de miedo, tenés que erguirte y seguir adelante, sin miedo a entregar tu tiempo, tu energía, tu amor.
Para mí, la persona que está escribiendo esto, no necesariamente para vos, el no juzgar, o parar en cierto momento a ver la situación desde afuera y analizar las cosas desde un punto de vista neutro, es una expresión de amor. ¿Por qué? Tomá la doctrina de tu preferencia (cristiana, budista, espiritual, etc...) todas recaen en la misma frase: “El amor lo puede todo” y en lo personal, por más trillado que suene, es ¡cierto! No hablo solo del tono romántico, sino, del amor con el prójimo y sus formas de expresión.
En el libro titulado “Los 5 lenguajes del amor”, de Gary Chapman (sí yo sé… este título…), el autor clasifica a las personas en cinco grupos diferentes, los cuales hablan distintos lenguajes al amar. Estos lenguajes son cinco: palabras de afirmación, tiempos de calidad, recibir regalos, actos de servicio y contacto físico. En este tema y sobre la razón por la que muchos matrimonios no perduran, no estoy de acuerdo en “encasillar” a la gente en estos grupos, pero sí en que todos hablamos lenguas diferentes al expresar cariño para con alguien y que aun así se puede llegar a ser felices a pesar de las diferencias.
Otro ejemplo:
Mi papá y yo no nos hemos llevado muy bien desde que yo era pequeño: Siempre sentí una necesidad de que él me reconociera y me aprobara; él es una persona inexpresiva y cuesta sacarle una sonrisa. Hace un tiempo, decidí perdonarlo, se lo dije, “no importa lo que haya pasado antes, de ahora en adelante pienso invertir mi energía en disfrutar el tiempo que nos quede juntos”. A mis palabras anteriores, por su manera de ser, no respondió mucho: Es el mismo señor sentado en el sillón de la sala viendo televisión, pero de cuando en cuando aparece en mi casa con una compra de la feria o una vez me hacía falta una plancha y también, sorpresa, plancha nueva. He llegado a comprender que tal vez nunca me llegue a abrazar y a decirme que me quiere, pero esos pequeños detalles son su manera de decirlo.
Con todo esto vamos a ver lo que es amor para mi. Puede que no lo sea para otros, está en vos y en mí, si querés llegar a comprender la forma en que la gente a tu alrededor te quiere, solo vos sabrás si vale la pena este “esfuerzo” por llamarlo así, para mí siempre valdrá la pena, podés aprender tanto, pero tanto de ello.
Puede ser que este grado de comprensión no se llegue a dar, entregarle a alguien tu amor y comprensión nunca es seguro de que te amarán de regreso, pero no esperés por ello, solo esperá que el amor crezca en el corazón de la otra persona, pero si no crece, sé feliz porque creció en el tuyo. Cada decepción nos hace trascender y como el pez koi, nos ayudará a estar un poco más arriba de nuestra propia cascada, con la seguridad de que al final, todo va a estar bien (yo soy el primero en la fila de los que nos cuesta creernos esto, pero estoy seguro de que es posible).
En pali, la lengua que hablaba Buddha, existe una palabra que se escribe "metta", ha sido traducida como amor, pero también como amabilidad, benevolencia y buena voluntad. Asimismo, explican que el amor no se trata del deseo de ser aceptado o de encontrar alguien que nos revele la felicidad, se trata de entender, no de ser entendido y de dar, de dar energía, más allá de conceptos y justificaciones psicoanalíticas de nuestro amor. ¿Somos capaces de dar energía a las personas? ¿Somos capaces de entenderlas en el nivel más puro sin que esto nos afecte, puesto que nuestra esencia no tiene forma de perderse o estropearse por los fenómenos mundanos? Me parece una buena pregunta para reflexionar.
Pienso que los regalos más grandes que le podés dar a una persona son, tu respeto, tu tiempo, el no juzgarle, tener la mente abierta para comprender su forma de amar, la manera en que te entregan su energía y darle tu perdón de ser necesario. Hace pocos días alguien me dijo que consideraba que la habilidad de perdonar era una característica invaluable en una persona, 100% de acuerdo. Aprender a lidiar con un ego herido, pensar en lo que comprendemos como respeto y amor, desear el bienestar de los demás y dejar ir nuestro orgullo, nos permitirá tener una vida llena de alegría y paz… ¿Que todo esto da mucho miedo? (por lo menos a mí), sí, pero tenemos que sobrepasar nuestras dudas, no alimentar el cuerpo del dolor (tema para otro blogg) con nuestro temor y de verdad, repito, convencernos de que todo va a estar bien.
Para concluir, considero que la prioridad en la vida debe ser el amor, lo abarca todo: respeto, perdón, no juzgar, empatía, entregar energía, no te vayás por el dinero, por lo físico, porque esto se puede llegar a perder; priorizá en amar a tus seres cercanos, en luchar por lo que querés, por las personas que iluminan tu vida, lo demás vendrá por añadidura.. La comprensión de las diferencias es parte de todo ello, solo toma dos personas que quieran lo mismo y piensen que lo pueden alcanzar uno a la par del otro.
Con todo lo escrito, no pretendo decir que domino estos temas, todo lo contrario, me declaro en nado continuo con mis sentimientos.
Para vos que dedicaste estos minutos a leer esto, te dejo un agradecimiento infinito y te deseo que tengás suficiente felicidad para hacerte dulce, suficientes pruebas para hacerte fuerte, suficiente dolor para mantenerte humano, suficiente esperanza para ser ¡feliz!
Como siempre que escribo, no me puede faltar la frase “geek” del momento, en este caso dejo dos:
“El miedo nos lleva al enojo, el enojo nos lleva al odio y el odio nos lleva al sufrimiento”.
“No está en nosotros decidir qué tiempos vivimos, pero sí está en nosotros decidir qué hacer con el tiempo que se nos ha otorgado.”
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